Anillos y arras: símbolos de amor en tu boda
Anillos y arras son los gestos más cargados de significado en una boda. Descubre su origen, diferencias y cómo elegirlos con criterio.
Elaborado con apoyo de IA y revisión humana. Estándares editoriales

Los anillos de boda y las arras son los dos gestos simbólicos centrales de la boda española. Los anillos representan fidelidad eterna; las arras —trece monedas de tradición hispánica documentada desde el siglo XII— simbolizan la comunidad de bienes. Las arras son obligatorias en la boda canónica y opcionales en la civil. En 2023 se celebraron 168.405 matrimonios en España, y en la mayoría aparecieron ambos elementos.
Puntos clave
- El anillo de boda simboliza eternidad y fidelidad; las arras, comunidad de bienes y proyecto compartido. Son gestos distintos con significados distintos.
- En España la tradición mayoritaria es llevar la alianza en el anular de la mano derecha.
- Las arras son obligatorias en la boda canónica y opcionales en la civil.
- El oro amarillo de 18 quilates sigue siendo el material más habitual para alianzas, aunque el oro blanco y el platino se ven cada vez más.
- Usar anillos heredados de familia es perfectamente válido; conviene revisar talla y estado con un joyero con al menos tres meses de antelación.
- Después de la boda, las arras merecen un lugar consciente en casa, no el fondo de un cajón.
¿Qué momento de una boda se queda grabado de verdad? Cada pareja tiene su respuesta, pero hay dos gestos que aparecen en casi todas: el instante en que dos personas se pasan un aro de metal por el dedo y, unos segundos antes o después, derraman trece monedas en una palma abierta. Son gestos que llevan siglos repitiéndose en iglesias y juzgados de toda España, y sin embargo cada pareja los vive como si fueran nuevos. Repasamos qué significan realmente los anillos y las arras, de dónde vienen, y cómo elegirlos con cabeza.
El anillo de boda: un círculo sin principio ni fin
Que la forma del anillo sea circular tiene una explicación que viene de muy lejos. Desde el antiguo Egipto, el círculo simbolizaba eternidad precisamente porque carece de punto de inicio o de cierre. Los romanos adoptaron la costumbre y la llamaron anulus pronubus; la Iglesia la incorporó al rito matrimonial durante la Edad Media, y desde entonces el intercambio de alianzas es uno de los gestos más reconocibles de cualquier boda occidental.
En España, según la Estadística de matrimonios 2023 del INE, se registraron 168.405 matrimonios ese año. En la inmensa mayoría de ellos, con independencia de si la ceremonia fue civil o religiosa, los contrayentes intercambiaron anillos. Es el único elemento que ha sobrevivido sin apenas modificaciones a lo largo de los siglos.
Qué dice el rito sobre el anillo
En la boda canónica, el sacerdote bendice los anillos antes de que la pareja los intercambie. Las palabras que acompañan el gesto varían según la diócesis, pero la fórmula más extendida en España es: "Recibe esta alianza como signo de mi amor y fidelidad". El Ritual del Sacramento del Matrimonio de la Conferencia Episcopal Española contempla esta bendición como parte estructural de la ceremonia, con peso propio dentro del rito.
En la boda civil, el juez o alcalde no bendice los anillos, pero muchas parejas los incorporan igualmente como gesto personal al margen del protocolo legal.
Material, diseño y presupuesto
El oro amarillo de 18 quilates es el material que más se ve en las joyerías españolas cuando una pareja llega a pedir alianzas, aunque el oro blanco y el platino llevan años ganando adeptos. El titanio y el acero quirúrgico aparecen como alternativas para quienes buscan precio bajo o tienen alergia a metales nobles.
El grosor y el acabado determinan casi tanto el precio como el material. Una alianza de oro de 18 quilates de 3 mm de ancho con acabado liso ronda entre 200 € y 500 € por unidad en joyería de barrio; las versiones de platino o con pavé de diamantes pueden superar los 1.500 € por pieza. Lo razonable es presupuestar ambas alianzas juntas y no elegirlas por separado, porque la coherencia visual entre los dos aros importa más de lo que parece en las fotos.
Si tienes dudas sobre cómo coordinar la alianza con el anillo de compromiso, aquí encontrarás más sobre esa decisión.
Las arras: trece monedas con ocho siglos de historia
Las arras son uno de los elementos más específicamente hispánicos de la ceremonia nupcial. Están documentadas en el derecho visigodo y su presencia en el rito matrimonial católico español se consolida en torno al siglo XII. El número trece tiene su lógica: doce monedas representan los doce meses del año y la decimotercera simboliza al novio o, según otras interpretaciones, a Cristo como testigo del compromiso.
El gesto tiene una lectura doble. Por un lado, el novio entrega las monedas a la novia como señal de que comparte con ella todos sus bienes. Por otro, la novia las acepta y las devuelve a sus manos entrelazadas, indicando que los bienes serán administrados en común. Dicho así suena muy solemne, pero en el fondo es un pacto de confianza económica hecho público delante de todos los que importan.
Arras en la boda civil
La boda civil española no contempla las arras en su protocolo oficial, pero nada impide incluirlas como gesto simbólico. Muchas parejas las incorporan cuando el juez o secretario les cede la palabra para pronunciar sus votos personales. Si queréis hacerlo, conviene comunicárselo al responsable del registro con antelación para que el momento encaje bien en la ceremonia.
Cómo elegir las arras
El mercado ofrece desde estuches de plata de ley con monedas acuñadas hasta piezas de diseño con piedras semipreciosas o grabados personalizados. Algunos criterios prácticos:
- Material: la plata de ley 925 es la opción más habitual por precio y durabilidad. El oro de 18 quilates eleva el coste pero convierte las arras en una joya que se puede guardar o incluso transformar en otra pieza después.
- Personalización: muchas joyerías ofrecen grabar el nombre de ambos y la fecha en el reverso de cada moneda. En las joyerías que hemos consultado, el grabado suele añadir entre 30 € y 60 € al precio final, aunque conviene pedirlo por escrito porque varía bastante de un taller a otro.
- Estuche: el contenedor importa más de lo que parece porque aparece en las fotos y en los vídeos. Los estuches de terciopelo o cuero envejecido son más fotogénicos que los de plástico dorado.
La diferencia entre alianza y arras (y por qué importa saberla)
Hay parejas que confunden ambos elementos o creen que son intercambiables. La alianza habla de fidelidad y pertenencia mutua. Las arras hablan de bienes compartidos y proyecto de vida en común. Son cosas distintas. Pueden coexistir en la misma ceremonia, y de hecho en la boda canónica española es habitual que aparezcan los dos gestos, pero cada uno tiene su momento y su significado propio.
En la práctica, la secuencia habitual en una boda religiosa es: intercambio de votos, entrega de arras e intercambio de anillos. El sacerdote dirige cada paso. En una boda civil con ambos elementos, la pareja decide el orden con la persona que oficia la ceremonia.
Anillos heredados: cuando la historia familiar entra en la ceremonia
Cada vez más parejas optan por usar anillos de familia en lugar de comprar alianzas nuevas. La práctica tiene un componente emocional evidente y también uno económico nada desdeñable. Antes de tomar esa decisión, conviene revisar con un joyero de confianza el estado del metal y la talla exacta de cada dedo. El acabado superficial también puede necesitar pulido o rodio en el caso del oro blanco.
Si la sortija tiene valor sentimental pero no encaja bien en el dedo, forzarla puede dañar la pieza. Una adaptación de talla profesional en una joyería seria cuesta entre 30 € y 80 € y garantiza que el anillo no se pierda ni apriete durante décadas. Sobre el uso de joyas de familia en la boda, ya escribí sobre esto con más detalle aquí.
El momento del intercambio: protocolo y libertad
Tanto en la boda canónica como en la civil, el intercambio de anillos tiene un lugar fijo en la ceremonia. Lo que varía es el margen de personalización que cada pareja se toma dentro de ese marco.
Algunas parejas añaden unas palabras propias al entregar el anillo, más allá de la fórmula oficial. Otras optan por el silencio y dejan que el gesto hable solo. Ninguna de las dos opciones es más válida que la otra. Lo que sí conviene es practicarlo antes: los nervios del día hacen que incluso los gestos más simples se vuelvan torpes, y no hay nada más desangelado que forcejear con un anillo delante de cien personas. Más sobre cómo preparar ese momento en la guía de intercambio de votos.
En la boda canónica, el protocolo completo, incluidos los momentos de arras y anillos, está recogido en la guía de protocolo de boda católica.
Qué hacer con las arras después de la boda
Poca gente se hace esta pregunta antes de la ceremonia, y luego las arras acaban en el fondo de un cajón. La respuesta más honesta es que depende de lo que signifiquen para vosotros. Hay parejas que las guardan en el estuche original como recuerdo; otras las colocan en una bandeja decorativa en casa. Cuando las arras son de oro, llevarlas a un joyero para transformarlas en un colgante o en unos pendientes es una opción cada vez más popular.
Son un objeto con carga simbólica. Merece la pena decidir conscientemente qué lugar van a ocupar en vuestra vida después de la ceremonia.
Conclusión
Los anillos y las arras son los dos gestos más cargados de significado que una pareja realiza el día de su boda. Conocer su origen y decidir cómo incorporarlos a vuestra ceremonia particular, ya sea siguiendo el rito al pie de la letra o adaptándolo, es una de las pocas decisiones del día que no tiene vuelta atrás. El anillo que te pones ese día lo llevarás probablemente el resto de tu vida. Vale la pena pensarlo bien.
Y hay algo más que conviene recordar: ninguno de estos gestos tiene que ser perfecto para ser auténtico. El anillo puede ser heredado y un poco pequeño. Las arras pueden ser de plata sencilla comprada en una joyería de barrio. Lo que hace que esos objetos importen es la intención con la que se entregan, no su precio ni su origen. Dentro de veinte años no recordaréis el quilataje del oro. Recordaréis la cara de la otra persona cuando os los pusisteis.
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